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Cuatro prácticas para tener un suelo saludable en agricultura

Es de todos conocido que la magia de la agricultura se basa en tres pilares fundamentales: agua, semilla y suelo. Antes de empezar un proyecto agrario debemos tener en cuenta estos tres factores y responder a las siguientes cuestiones:


1. Suelo: ¿Por mi experiencia, dispongo de suelo fértil?, ¿este suelo retiene el agua? ¿dispone de nutrientes o tengo que aportarlos?

2. Agua: El terreno donde voy a sembrar, ¿tiene agua cerca, necesito hacer un pozo primero, es necesario colocar una manguera?

3. Semillas de calidad. ¿Dispongo de semillas? Si son de cosechas anteriores, debemos haberlas almacenado adecuadamente, en un lugar fresco y seco, lejos de animales, especialmente roedores que les encantan.


Pero hablemos del suelo que es el factor que nos atañe hoy. El suelo es la base de la producción de alimentos y sustento de la biodiversidad. es un bien finito pues se necesitan 100 años para producir tan solo 3 milímetros de suelo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, esa capa de tierra es responsable del 95% de la producción de alimentos a nivel global. Está sometida a una enorme presión, ya que se espera que para el año 2050 la población mundial sea de 10.000 millones de personas. Los suelos sanos están en peligro, ya que la erosión, la sobreexplotación, la salinización y declive de la fertilidad están ocasionando la pérdida de terrenos productivos.


Preservar el suelo en estado saludable permite tener cosechas sanas, aumentar el rendimiento y además asegurar la sustentabilidad a largo plazo. Estas son algunas prácticas eficientes que los agricultores pueden implementar y así aumentar su productividad a la vez que mejoramos nuestro suelo.


1. Siembra directa sobre el cultivo anterior: esta técnica también conocida como labranza mínima permite que el suelo conserve nutrientes a partir de los desechos del cultivo previo.


2. Rotación de cultivos: Para mantener el equilibrio de los nutrientes del suelo es aconsejable rotar el cultivo cada cierto tiempo, de esta manera no sobreexplotamos el terreno.


3. Respetar la salud del suelo: En la tierra existen numerosos microorganismos beneficiosos para el suelo, hacer un uso adecuado de los insumos agrícolas, nos permitirá proteger la biodiversidad del suelo. Hay que cuidar la fauna del suelo, las lombríces y los hongos son fundamentales en la salud del suelo. El uso de biofertilizantes y bioestimulantes es beneficioso para nuestro suelo.


4. Plantar cultivos de cobertura: Consiste en mantener el terreno cubierto con material orgánico, ya sea verde o seco (hojas). De esta manera la erosión del suelo es mucho menor.






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