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Cómo aumentar la producción de tomate

Como sabemos en el proceso de producción del tomate, actúan una serie de factores sobre el cultivo, cuya influencia afectar al resultado final. Sobre todo si hablamos de producción intensiva. Si las condiciones y los recursos disponibles son favorables, los resultados son buenos. Pero, si estos factores provocan situaciones de estrés, pueden ocasionar ciertos inconvenientes en el desarrollo del cultivo, con sus correspondientes consecuencias negativas en la producción final. Por esto, resulta fundamental conocer qué aspectos influyen en las plantas y de qué manera lo hacen. De este modo, se podrán gestionar de la forma más eficaz posible, reducir los problemas y obtener el mayor rendimiento de estas, dentro de los límites razonables.



Factores que influyen en la producción


Existen numerosos aspectos que pueden influir en el cultivo del tomate. Estos se pueden clasificar dentro de tres grupos diferentes como:

1. Factores climáticos: Las condiciones ambientales ejercen una gran influencia sobre las plantas, cuyo aspecto externo es reflejo de los valores actuantes. Las principales variables climáticas a tener en cuenta en una parcela de cultivo son temperatura, humedad relativa y radiación.


2. Factores de manejo: La actuación del agricultor es fundamental, ya que sus decisiones determinarán el desarrollo del cultivo, de una forma u otra. Entre estas actuaciones se deben tener en cuenta numerosos factores de influencia, entre los que se pueden citar:

  • Labores de pre-plantación: desinfección, tratamiento previo, riego previo, limpieza de la parcela, eliminación de restos vegetales y de malas hierbas.

  • Condiciones de plantación o siembra: densidad de plantación, distancia entre plantas, orientación de las líneas de cultivo, estado de las plántulas, tratamiento de plantación.

  • Riego: necesidades hídricas del cultivo, gestión de los riegos (volumen y frecuencia), calidad y procedencia del agua, características del suelo (especialmente textura), sistema de riego, nivel de tecnología, fase del cultivo.

  • Fertilización: necesidades nutricionales de las plantas en cada fase fisiológica, sistema de riego, fertilizantes disponibles, dispositivos de control, tipo de suelo o sustrato.

  • Poda: número de tallos (o brazos) a desarrollar, distancia entre plantas, deshojado, porte de las plantas, iluminación y ventilación, despunte de ramos y tallos, heridas provocadas.

  • Tutorado: liado y guiado de las plantas, apertura de los brazos, recorrido o duración (ciclo corto o largo).

  • Control climático: encalado, mallas de sombreo, plásticos en suelo o acolchados, dobles techos, manejo de las ventilaciones cenitales y laterales, sistemas de nebulización.

  • Sanidad vegetal: hermeticidad de los invernaderos, mallas anti-insectos, condiciones de limpieza del cultivo, ausencia de restos vegetales infectados y malezas, presencia de plagas y enfermedades, identificación de insectos enemigos de las plantas, toma de decisiones en cuanto a tratamientos.


3. Factores propios del cultivo: Las características específicas de una planta también tienen su importancia a la hora de mostrar su rendimiento frente a las condiciones de su entorno. Por ello, algunos aspectos a tener en cuenta son el tipo de tomate (cherry, pera, ramo, …), la variedad elegida (existe gran diversidad), resistencias de la variedad (frente a plagas y enfermedades), porte y vigor, tolerancia a determinadas situaciones de estrés, adaptación a fechas concretas de plantación, etc. Este es un factor fundamental en nuestras semillas de hortalizas, siempre buscamos en el mercado semillas que cumplan con tres características principales:

- Alto grado de germinación garantizado.

- Propiedades genéticas que les ayuden a ser más resistentes a las enfermedades más comunes.

- Propiedades que permitan obtener un mayor rendimiento por hectárea.

Así pues, existen innumerables factores que van a influir en el comportamiento de un cultivo de tomate, totalmente distintos, pero a su vez relacionados. Por esto, es realmente importante saber identificar cada factor, conocer la influencia que ejerce en las plantas e intentar llevar a cabo una gestión adecuada de las decisiones para que el resultado final sea lo mejor posible.

Como manejar estos factores


Antes de comentar como pueden influir los aspectos citados anteriormente sobre un cultivo de tomate, es necesario hacer algunas precisiones con respecto a las condiciones de desarrollo del mismo. Por ejemplo, no es comparable un cultivo al aire libre, cuyas condiciones son más extremas y las plantas están más expuestas a las adversidades, que uno que crece bajo una estructura de producción como puede ser un invernadero o una malla-sombra. Por precaria que pueda resultar cualquier estructura, siempre generará unas condiciones más favorables para el cultivo, aunque sean pocas, que las directas que se sufren a campo abierto.

Otra importante apreciación es el hecho de considerar que aspectos pueden determinar una mayor producción. Normalmente, se suele relacionar con el tamaño y el peso de los frutos, pero también hay otros aspectos que pueden hacer que el volumen de cosecha se incremente como, por ejemplo, el número de frutos que resultan viables en un ramillete o el número de ramilletes existentes en la planta.


¿Cómo reducimos las situaciones de estrés en el cultivo del tomate?

Considerando los aspectos que hemos visto en el apartado anterior, vamos a intentar dar algunas recomendaciones para reducir situaciones de estrés en el cultivo de tomate, lo que favorecerá un mejor desarrollo y, por lo tanto, un mayor rendimiento del mismo.


1. Manejo de las condiciones climáticas

La temperatura suele ser el factor más determinante para las plantas, en ambos extremos. Si el ambiente es demasiado caluroso causará problemas al cultivo, influyendo negativamente en la floración y el cuajado de frutos, así como en el engorde de los mismos. También pueden ocurrir mermas productivas por problemas derivados como el blossom end rot, rajado de frutos, calibres más pequeños o la aparición de plagas como ácaros. El clima opuesto, es decir el frío provoca igualmente problemas en el cultivo, ya que temperaturas excesivamente bajas también impiden una buena floración y cuajado de frutos, así como pérdidas de raíz en suelos fríos.

Por tanto, no se trata de establecer unos valores estándar de temperatura, aunque sí es importante reducir en la medida de lo posible las situaciones de estrés térmico para las plantas. De este modo, con temperaturas demasiado elevadas debe ventilarse al máximo el invernadero, aplicar más riegos o emplear métodos de sombreo que reduzcan la temperatura. Y en el caso del frío, se puede optar por cerrar las ventilaciones, colocar acolchados, instalar sistemas de calefacción, aplicar riegos si el agua no está muy fría, etc.

La humedad relativa del aire también es un factor climático fundamental, ya que, con valores muy elevados existen serios riesgos de la aparición de enfermedades causadas por hongos y bacterias, los cuales reducirán significativamente el potencial productivo del cultivo. En estos casos es esencial ventilar todo lo posible y reducir los riegos para disminuir dicha humedad. Por el contrario, ambientes excesivamente secos provocan un aumento de la transpiración de las plantas y una deshidratación en el cultivo, con problemas como fallos de cuaje o caída de flores, además de la incidencia de plagas como la araña roja. Por ello, es necesario aumentar la humedad con mayores frecuencias de riego, encalado de la cubierta o mediante sistemas de nebulización.

En cuanto a la radiación, se puede manejar de forma similar a la temperatura, es decir, encalando o blanqueando la cubierta, usando mallas de sombreo o cualquier dispositivo que reduzca la luminosidad excesiva del ambiente que, por otra parte, genera dificultades también en la floración, cuajado y engorde de frutos, así como dificulta el normal crecimiento de las plantas, entre otros. Por el contrario, bajos niveles de luz provocan un estiramiento y afinamiento de las mismas, con tonos verdes menos intensos y una coloración deficiente de los tomates.


2. Manejo del agricultor Aquí es donde realmente podemos intervenir de forma más consistente. Son muchas las decisiones y actuaciones que debe llevar a cabo el productor de tomate, desde la elección de la variedad antes de plantar hasta el último riego o tratamiento antes de quitar el cultivo. Por ello, vamos a comentar algunas de las condiciones que deberían producirse para que el desarrollo sea adecuado, favoreciendo así al aumento de la producción.

Las condiciones de pre-plantación, aunque parezcan muy lejanas a la recolección, pueden mermar el rendimiento del cultivo si son adversas. En este sentido, es preciso que la parcela cumpla con ciertos requisitos de limpieza e higiene, con terrenos libres de organismos fitopatógenos y de restos de cultivos anteriores. Es necesario recordar que un cultivo plantado recientemente puede infectarse si el entorno está contaminado, pudiendo arrastrar estos problemas hasta el final del ciclo. Por ello, son muy importantes las labores de desinfección del terreno (solarización, uso de productos autorizados y respetuosos, …), eliminación de restos del cultivo anterior o higiene de la parcela, entre otras.

Las decisiones en el momento de la plantación también van a influir después en el comportamiento del cultivo. Por esto, es importante determinar un marco de plantación adecuado, donde las distancias entre plantas y entre líneas sean óptimas, proporcionando buena iluminación y ventilación, que marquen un correcto crecimiento. Asimismo, deben evitarse plantaciones muy densas o demasiado separadas.

La orientación de las líneas de cultivo es otro factor que debe tenerse en cuenta, guardando relación con los vientos dominantes de la zona y la dirección recorrida por el sol. También, el estado de las plántulas es otro aspecto fundamental, ya que estas deben reunir unas buenas condiciones, principalmente libres de virus, plagas y enfermedades, con buen sistema radicular y un porte equilibrado. Todo esto hará que el inicio del cultivo sea más rápido y mejor.

La gestión del riego es una labor exigente, sobre todo si se trata de un cultivo hidropónico, donde las decisiones equivocadas pueden suponer mermas en el rendimiento. En general, las plantas de tomate no son demasiado exigentes en agua, pero si hay que prestar atención a las fases más críticas como son la floración y el cuajado de los frutos. En estas fases, igual que en el engorde, un déficit hídrico provocará disminuciones de la producción. Por el contrario, un exceso de riego también puede ocasionar problemas como asfixia radicular si el suelo es de textura fina, enfermedades aéreas y vasculares causadas por hongos y bacterias, etc. Por tanto, es preciso adecuar las dosis y las frecuencias de riego a la fase del cultivo concreta, a las características del suelo o a las condiciones ambientales, entre otras.

El contenido de sales (conductividad eléctrica) del agua aportada es un factor a tener en cuenta de cara a la productividad que se pretende alcanzar, ya que, si se superan ciertos valores umbrales, específicos de cada situación, esta se irá reduciendo.

La fertilización es igualmente importante y debe corresponder con el estado del cultivo. Por ejemplo, en fase de enraizamiento y floración es recomendable incidir en los abonos fosforados, mientras que durante el engorde no deben descuidarse los nitrogenados (sin abusar) y los potásicos. Siempre es aconsejable ajustar la fertilización a la composición del agua de riego, a la vez que debe estar en concordancia con las condiciones climáticas y el estado del terreno.

Las prácticas de poda y tutorado de las plantas también son esenciales para obtener un buen rendimiento del cultivo, ya que deben ir encaminadas a establecer un buen porte, con una estructura abierta para que entre luz y aire suficientes si se quieren obtener frutos de mayor tamaño y buena calidad. En caso contrario, la cosecha puede verse resentida con problemas de calibre y en su aspecto, como decoloración de los tomates.

La sanidad del cultivo también es crucial para que este se desarrolle adecuadamente y ofrezca una óptima producción. Para ello, es necesario que las condiciones higiénicas de la parcela se mantengan, así como un buen estado de los materiales de la estructura como son plásticos y mallas, sin roturas, que impidan la entrada de los insectos plagas. También se debe intentar que no se den las condiciones ambientales favorables para la aparición de organismos fitopatógenos causantes de enfermedades, siendo necesario prestar atención, principalmente, a la humedad relativa del entorno del cultivo.

3. Características del cultivo

Las características propias de la planta elegida para la plantación deben ser tenidas en cuenta según los factores a los que va a ser expuesta. De esta manera, una correcta elección sería la que se adaptara a las condiciones del entorno. Algunos ejemplos son: la fecha de plantación (considerar el clima de esa época), el tipo de suelo donde se va a plantar, la salinidad del agua de riego, el vigor de la planta, cierta resistencia a condiciones de estrés (temperatura, sequía, salinidad…), la facilidad de cuaje, el número de tomates por ramillete, el tamaño de los frutos, la tolerancia a determinadas plagas y enfermedades, etc

Para concluir, se ha podido comprobar el elevado número de aspectos que pueden influir en la producción de un cultivo. Por tanto, es recomendable tener en cuenta el mayor número posible de ellos y estimar su influencia, donde las decisiones de manejo, principalmente, van a determinar el rendimiento del mismo. No hay que olvidar que la producción no consiste solamente en obtener tomates gordos sino también en reducir las condiciones de estrés, proporcionando así a las plantas un óptimo desarrollo. De este modo, al reducir los problemas del cultivo, también lo harán sus mermas de producción.



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